Sobre el despertar selectivo de conciencia en torno al Viña rock y otros con distinto logo pero la misma miseria.
En primer lugar todo nuestro apoyo a la causa palestina y al boicot cultural (años convocado) contra cualquier estructura que financie su opresión.
En segundo…
- Carteles con evidentes brechas de género.
- Condiciones laborales esclavistas.
- Bandas locales ninguneadas en cada edición.
- Festivales vendidos a patrocinadores sin ningún contenido ideológico.
- Grupos emergentes cobrando migajas o pagando por estar.
- Policía con armas largas vigilando festivales que nacieron desde la contracultura.
Podemos seguir ¿verdad?
Todo esto ya era antes de KKR. Si el año que viene cambia de nombre ¿nos valdrá otra vez? ¿seguiremos vendiendo rebeldía al mejor postor? porque el problema es el Modelo. Ese en el que se traiciona desde el momento uno todo lo que tenemos la obligación de defender.
Para que el sistema deje de ser opresor e injusto no basta con cambiar de jefe, la solución pasa por la conciencia plena, pasa por no obviar lo que degrada, pasa por tener memoria histórica y compromiso.
Para que el gesto no se quede en pose y para que la dignidad artística sea más que el raider y el caché necesitamos esa conciencia.
La lucha no se gana con comunicados bonitos y giras hipócritas. Menos postureo, más coherencia.
El periodista Frankie Piza decía algo parecido: Sin modelos de financiación alternativos, sin infraestructura propia, la cultura queda atrapada entre la performance moral y la impotencia política.
Que esto no se reduzca a una disputa de formas sin acceso al fondo.
Piza defiende “una discusión sostenida sobre como se financia la cultura, quien decide sobre ella y la infraestructura necesaria si queremos que tenga algún valor crítico”.
Pues eso, que queda mucho por hacer.
Todo esto ya era antes de KKR. Si el año que viene cambia de nombre ¿nos valdrá otra vez? ¿Seguiremos vendiendo rebeldía al mejor postor? Porque el problema es el Modelo. Ese en el que se traiciona desde el momento uno todo lo que tenemos la obligación de defender.
Para que el sistema deje de ser opresor e injusto no basta con cambiar de jefe, la solución pasa por la conciencia plena, pasa por no obviar lo que degrada, pasa por tener memoria histórica y compromiso.
Para que el gesto no se quede en pose y para que la dignidad artística sea más que el raider y el caché necesitamos esa conciencia.
La lucha no se gana con comunicados bonitos y giras hipócritas. Menos postureo, más coherencia.
El periodista Frankie Piza decía algo parecido: Sin modelos de financiación alternativos, sin infraestructura propia, la cultura queda atrapada entre la performance moral y la impotencia política.
Que esto no se reduzca a una disputa de formas sin acceso al fondo.
Piza defiende “una discusión sostenida sobre como se financia la cultura, quien decide sobre ella y la infraestructura necesaria si queremos que tenga algún valor crítico”.
Pues eso, que queda mucho por hacer.
Texto: Manolo Kabezabolo
